Skip to main content

La confusión del sistema inmunitario.

Si convives con una enfermedad autoinmune, posiblemente hayas probado distintos tratamientos, tanto farmacológicos convencionales como otros alternativos a éstos y aun así la enfermedad sigue su curso con recaídas y nuevos brotes.

Igualmente, si te han diagnosticado osteoporosis, posiblemente los fármacos que te han recetado no hacen todo el efecto que se espera de ellos y las densitometrías óseas siguen sin mejorar lo suficiente a pesar de hacer ejercicio físico de fuerza y llevar una alimentación óptima.

Es muy probable que durante años hayas estado intentando hacerlo todo bien sin obtener los resultados esperados.

Hoy quiero hablarte de algo que muchas veces se menciona de pasada, pero que casi nunca se aborda en profundidad:

👉 El estrés crónico como uno de los grandes factores que mantienen activa la enfermedad.

Bajo una predisposición genética el estrés crónico es el detonante silencioso que da paso a las enfermedades autoinmunes y a la osteoporosis. Las emociones provocadas por este estrés disparan los genes y las hormonas correspondientes dando lugar a estas patologías. Estas enfermedades tienen un origen multifactorial, el factor emocional suele ser uno de los más determinantes y, al mismo tiempo, uno de los más olvidados.

El fisiólogo Hans Seyle describió el estrés como una respuesta orgánica de tres fases:

Fase de Alarma: Preparación de respuestas adaptativas.

Fase de Resistencia: Presentación de respuestas y participación de procesos emocionales y psíquicos para restablecer el equilibrio.

Fase de Agotamiento: Cuando el organismo ya no es capaz de generar más respuestas adaptativas, se satura la capacidad de adaptación y se presenta la desadaptación alterándose la homeostasis orgánica. Esto ocurre cuando los estímulos son muy intensos, se repiten frecuentemente o persisten por mucho tiempo.

Ante el estrés el cuerpo segrega una serie de hormonas, siendo la más potente el cortisol. Un estrés crónico eleva los niveles de esta hormona, activa el sistema simpático y prepara de esta forma al cuerpo para defenderse. El cortisol se encarga de que las inflamaciones desencadenadas por la reacción del sistema nervioso simpático no produzcan daños en el organismo. De esta forma, cuando el estrés es de corta duración el sistema inmunitario se activa para proteger nuestro cuerpo, pero cuando es de larga duración tiene lugar un desequilibrio orgánico, produciéndose cambios en nuestro sistema nervioso, endocrino e inmunológico.

Es de sobra conocido que el estrés mantenido en el tiempo es perjudicial para la salud, de eso no hay duda alguna. Cuando hablamos de estrés solemos pensar en tener mucho trabajo, vivir con prisas, querer hacer muchas cosas y no llegar a todas, etc…

Pero el estrés que enferma es otro distinto, es:

  • Vivir en modo alerta constante
  • Vivir en la autoexigencia
  • Vivir en constante insatisfacción
  • Vivir con sobrecarga emocional
  • Seguir adelante, aunque estés agotada
  • No tener un descanso reparador
  • Tener conflictos emocionales no resueltos
  • No saber decir “basta”

Si el estrés no cesa, el cuerpo no puede recuperar su equilibrio. El cuerpo interpreta el estrés prolongado como una amenaza.

Y cuando el cuerpo siente peligro:

  • El Sistema nervioso se sobreestimula.
  • El sistema nervioso simpático de lucha-huida permanece activo.
  • Se activa el modo supervivencia.
  • Aparecen desequilibrios fisiológicos en el organismo.
  • Las hormonas del estrés toman el mando.
  • Aumento sostenido de cortisol y adrenalina.
  • Hiperactivación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.
  • Producción de citoquinas inflamatorias.
  • Se bloquean los procesos de reparación, regeneración y crecimiento.
  • El cuerpo llega a la fase de agotamiento.
  • Hay un aumento del catabolismo.
  • Se favorece la resorción ósea.
  • El sistema inmunitario se desequilibra.

El estrés crónico mantiene al organismo en un estado de amenaza constante, desplazando recursos desde la reparación, la inmunomodulación y la regeneración ósea hacia la supervivencia inmediata.

Ningún organismo está hecho para vivir en condiciones de emergencia durante largos periodos de tiempo. El sistema nervioso simpático está diseñado para emergencias puntuales. Cuando se queda encendido, el organismo paga un precio muy alto.

Un nivel constantemente alto de cortisol destruye tejidos, ejerciendo un elevado efecto corrosivo sobre los huesos.

Hay determinadas características de la personalidad que son comunes en estas patologías, aunque no siempre se den todas ellas.

  • Neurodivergencia
  • Alta sensibilidad
  • Autoexigencia extrema
  • Perfeccionismo
  • Exceso de control
  • Rígida identificación con el deber y la responsabilidad
  • Autocrítica
  • Culpabilidad
  • Rabia reprimida
  • Desvalorización / Falta de amor propio
  • Complacencia

No es que tu cuerpo se equivoque y te ataque, es que está exhausto y en constante defensa tratando de sobrevivir a estresores tanto internos como externos.
👉 Tu sistema inmune no es tu enemigo.

El gran error: querer sanar sin tornar la mirada hacia adentro.

La sanación empieza cuando el cuerpo deja de sentirse amenazado y para ello es necesario entrar en un estado de calma y bienestar emocional.

Si te han diagnosticado de alguna enfermedad autoinmune u osteoporosis, quizás el mayor acto de amor que puedes hacer por ti es escucharte de verdad y empezar a vivir a un ritmo más suave y amable contigo, con menos exigencia, con menos ruido, menos sobreestimulación y más espacios de silencio y conexión donde tu cuerpo pueda descansar y sentirse a salvo.

👉 Tu sistema nervioso es el terreno donde ocurre todo lo demás, atenderlo no es un lujo. Es la base y el primer paso hacia tu salud.

Con cariño,

Raquel.

Sígueme en RRSS. Si algo de lo leído crees que puede ser útil a otras personas, comparte este post.

Compartir en: