Quizá no fué lo mejor para el ego, pero sí para el alma💫
Quizá no fue lo que habías planeado, la vida no siempre nos da lo que queremos, pero sí aquello que nos transforma. ¿Y si esto que estás viviendo solo es una cita con tu evolución?
Hay experiencias que el ego jamás hubiese elegido, desde su mirada surge la pregunta:
¿por qué a mí?
Desde ese lugar es fácil entrar en la rabia, en la impotencia, en la frustración, en el victimismo. En cambio, hay otras preguntas más acertadas que nos llevan a otro estado:
¿para qué estoy viviendo esta experiencia? ¿qué viene a enseñarme? ¿cuál es el propósito?
Desde la mente egoica las cosas que acontecen pueden parecer errores, mala suerte, desde el alma son movimientos precisos no para destruirte sino para despojarte de capas que no sostienen la verdad.
Hay un plan perfecto superior para cada uno de nosotros, un plan pedagógico diseñado con total precisión para nuestro proceso evolutivo donde se definen nuestras necesidades de aprendizaje, de tal manera que siempre estamos en el lugar perfecto y con las personas adecuadas para ello.
Todos nacemos con un destino, cada alma traza su camino y establece pactos con otras almas para acompañarse en los aprendizajes que favorecerán su evolución. Para poder vivirlos plenamente, entramos en esta experiencia humana atravesando el velo del olvido.
Los grandes desafíos que la vida nos presenta son pactos de amor, en total equilibrio, con la única finalidad de crecer en amor y ampliar nuestro nivel de conciencia. Todos estamos transitando este sendero evolutivo, unos más avanzados, otros más rezagados, pero todos en la misma dirección.
Cuando sabes que no estás solo, que eres guiado continuamente, que la vida te cuida y que todo sigue un orden perfecto, que en cada momento solo está pasando lo único que podía pasar. Cuando sabes que no hay errores ni fallo en lo vivido, cuando sabes que todo forma parte de tu propio proceso de aprendizaje y evolución. Cuando vives desde esa confianza, tu estado es más calmado y el caminar se hace más fácil y fluido.
La verdadera confianza aparece en los momentos más difíciles, cuando todo parece desordenarse y el caos lo envuelve todo. Es esa serenidad que te permite permanecer en el ojo del huracán, mientras la tormenta ruge a tu alrededor, y aun así sentir paz.
El aparente caos no es otra cosa que la vida organizándose, obrando a nuestro favor, buscando el equilibrio perdido.
Lo que sucede es perfecto y necesario para el que lo vive y cumple un propósito de amor aunque no lo entendamos. A nadie le sucede nada que no le corresponda. Todo es para un bien mayor por más que a nuestro ego no se lo parezca. Él se cree un cuerpo separado de la unidad, pensando que le pasan cosas por error, por azar o mala suerte, pero el orden del universo funciona por leyes matemáticamente exactas, nada es casualidad o coincidencia, todo es correspondencia.
El cuerpo es simplemente un instrumento de la conciencia y vehículo de comunicación. Formamos parte del todo, el todo forma parte de nosotros, no hay separación. Nuestro propósito es despertar de esa idea de separación egoica para adentrarnos en la conciencia de unidad y recordar quién realmente somos.
La enfermedad no vino a destruirte, sino para invitarte a mirar hacia adentro. Vino a que aprendieras a escucharte, vino a mostrarte tu incoherencia y tus conflictos internos para así poder liberarlos, vino a que aprendieras a amarte, a soltar toda lucha y control, a dejar de pelear con la vida y a rendirte a ella. Vino a que aprendieras a perdonar y a perdonarte, a ser feliz por ti misma y a estar en paz independientemente de lo que suceda afuera. Vino a desmantelar ese personaje que se creía separado de la unidad y que creía que sabía. Vino a mostrarte que hay otra manera de ver las cosas.
Hay bendiciones que vienen envueltas en lágrimas y que te llevan a profundos procesos de transformación.
Y quizá, visto desde ahí, no todo lo que te pasó fue fácil pero sí fue lo perfecto y necesario para tu evolución.
Y tal vez algún día mires atrás y puedas ver el significado oculto de lo vivido y entiendas que la vida no te negó nada. Simplemente no te dio lo que tú creías que era mejor para ti, ella tenía otros planes, estaba ocupada en darte aquello que te iba a transformar. Desde ahí sólo puede haber agradecimiento, no por lo sufrido en sí sino por la persona en la que te habrás convertido. Bendice pues a tu cuerpo, a tu pasado y a la adversidad de tu vida y recibe con gratitud el regalo que la experiencia aguardaba para ti.
El ego mide el éxito de la vida en logros, metas cumplidas, reconocimientos y validación externa.
Tal vez desde esa mirada egoica hoy tu vida no tenga tanto éxito, sin embargo, quizá ahora hay más presencia, más honestidad, más verdad, más armonía, más paz y más felicidad ✨
🤍 Ese es el verdadero éxito.
Con cariño,
Raquel.




