Siempre fui una chica inconformista, con afán de superación y con gran emotividad y sensibilidad. Desde bien jovencita buscaba en los libros y me sumergía en ellos tratando de encontrar respuestas a todas mis inquietudes. Ese inconformismo tan marcado en mi personalidad me llevó a una continua lucha tratando de cambiar el escenario que la vida me presentaba por no ser acorde a mis ideales.
La no aceptación fue mi compañera de viaje durante muchos años y la que me trajo resultados cada vez más insatisfactorios. Impotencia, frustración y gran desgaste tanto físico como emocional. El precio pagado fue muy alto pero el necesario para cambiar mi mirada y tornarla hacia dentro. Fruto de esa insatisfacción personal y lucha interna mantenida durante muchos años, un día mi cuerpo gritó y me frenó como nunca antes lo había hecho. Tenía por entonces 32 años cuando fui diagnosticada de Miastenia Gravis y pocos meses después de una severa osteoporosis. En ese momento hubo un punto de inflexión en mi vida, empecé con una incesante búsqueda tratando de dar con las respuestas que ningún médico podía ofrecerme, para ellos todo era idiopático o de origen desconocido.
Debía de haber algo más, algo que diera explicación a todo lo que estaba viviendo, fue entonces cuando me introduje de lleno en el mundo del crecimiento personal y años más tarde en el espiritual.



